¿Qué pasa en los partidos?

LISTIN DIARIO
Manolo Pichardo - 10/30/2009

Vincho se atrevió. Siempre se atreve. Alzó su voz para llamar la atención sobre un fenómeno que debe preocupar a la dirigencia de los partidos políticos. Es que, como viene ocurriendo desde hace tiempo, sólo que ahora con mayor descaro, los narcotraficantes procuran tomar en masa el Congreso de la República. Ya delincuentes de toda calaña han encontrado resquicio para entrar. Avanzan.
Cada día ganan más terreno y lo peor es que comienzan a engordar los padrones de las organizaciones políticas ante la complacencia de dirigentes que les gusta el asunto, porque con ello también se hinchan las finanzas y las posibilidades de tener más curules, más control. Y la parte sana de estas entidades y de la sociedad en sentido general, se pregunta: ¿ganar para qué? Los políticos de vocación y profesión no tienen chance pues para aparecer en una encuesta de preferencia electoral el fardo de dinero cuenta.
Ya no son importantes las propuestas ni la vocación de servicio y mucho menos ser un individuo que goce del respeto de la comunidad. No, pues hasta las comunidades se corrompen cerrando sus oídos a los mensajes y abriendo sus manos para recibir la plata que comprará su voto. Y nadie hace nada. Y no se puede hablar porque si tienes la osadía de asumir un discurso que propenda al rescate de los valores morales y éticos en el ejercicio de la política, te cierras puertas.
Por ello hace unos días un periodista presentó a otro a un joven político como “serio” y el segundo al saludarle le dijo: “Los serios no llegan lejos en política”. Esa es la percepción de toda la población que conducirá a que los hombres y mujeres que con honestidad han militado en los partidos, se vayan replegando para ceder a los que se están comiendo la sociedad, ante la inacción de los que pueden frenar lo que ocurre.
Los partidos son el sostén del sistema democrático pero sin ofertas decentes irán perdiendo credibilidad y, como nada está escrito porque sobre la marcha se construyen los caminos, limpios, enlodados o empedrados, pudiéramos estar destruyendo los instrumentos que ordenan la armonía social.

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