
Manolo Pichardo | perspectivaciudadana.com | 14-01-2011
Durante los debates se hizo costumbre entonces referirse a los grupos como los de la izquierda y los de la derecha; y así, estas palabras, usadas en principio para identifi car a los bloques de diputados por el lugar que ocupaban en el salón de debates, fueron tomando significación ideológica, porque se comenzó a vincular el sitio ocupado, con las posiciones asumidas en cada lado. Así pues, los partidos, instituciones e incluso individuos que planteen cambios en la sociedad, que defiendan los intereses y derechos de las mayorías, aunque no necesariamente en la forma que lo hacían los jacobinos, son ubicados en la izquierda; y los que defienden el mantenimiento de los viejos hábitos sociales y están del lado del gobierno de los pocos o la oligarquía, son situados en la derecha.
En su evolución, el concepto izquierda ha devenido en un amalgama de discursos que la convirtieron en plural: las corrientes comenzaron a anidar en ella y los apellidos fueron necesarios para dejar establecido que, la revolucionaria, estrenada en Francia en el siglo VXIII y extendida al siglo XX de la mano de Lenin, Mao, Fidel, El Che y Ho Chi Minh, tenía su sello; y que la democrática, representada por Arbenz, Figueres, Bosch, Betancourt, Muñoz Marín y Haya de la Torre, también; la socialdemócrata de Willy Brandt, Felipe González, Peña Gómez, Carlos Andrés Pérez y Alan García, tenía su singular impronta. La izquierda arropada con el viejo apellido del progresismo, articulado después del colapso del Bloque Socialista liderado por la URSS, tras las reflexiones llovidas en el Foro de San Pablo convocado por Lula, resucitó al izquierdismo en desbandada para armar un proyecto continental convergente en el que caben todas las corrientes nacidas del tronco jacobino.
•El autor es periodista, dirigente del Partido de la Liberación Dominicana y diputado al Parlamento Centroamericano -PARLACEN-.
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