Que viva la revolucion.


Por: Obed Pichardo.-23 de abril del 2010

En este mes que transcurre, en la Republica Dominicana se conmemora la revolución de abril ocurrida en el año 1965, me uno a esta conmemoración por las causas que la produjeron, pero sin dejar de lado mi enérgica critica, a la forma violenta en que la humanidad quiere implementar nuevos sistemas de gobierno, nuevas políticas sociales, económicas, etc. En conclusión, todo aquello que pueda transformarse o revolucionarse de acuerdo a las circunstancias del momento. A lo largo de la historia el hombre ha querido hacer sus conquistas sobre la base del terror armamentista, no podemos negar que los resultados de esos conflictos bélicos han logrado transformaciones en la colectividad mundial, ya sea para bien, o para mal, pero sean buenos o malos los resultados, ambos caen en la trampa de lo perecedero, de lo efímero, de lo finito, de lo que necesita renovación a corto, mediano, o largo plazo; pero a todo esto, es preciso recordar a un revolucionario que dividió la historia de la humanidad en dos, un hombre inigualable, que fue despreciado y humillado por la vileza, depravación y perversidad de los mortales, que dejo escurrir todo su plasma sobre dos insoportables maderos, con el único propósito de lograr una revolución provechosa en el alma de cada ser humano, la única revolución que sugiere ser eterna, invariable, pacífica, una revolución que no necesita ser adaptada a los tiempos o a las circunstancias, una revolución verdadera.
A medida que pasan los días y, la ciencia se aumenta, nos vamos olvidando de aquel revolucionario que es el Señor de todo cuanto existe, porque por él, y para él todo fue creado y, por causa de este olvido hemos comenzado a sufrir las consecuencias: deterioro progresivo de la familia, inutilización social, abuso de poder, laceraciones en las relaciones intercontinentales, el calentamiento global y sus desastrosas secuelas, en fin, una serie de elementos que se van sumando para ir agravando aún mas, la ya complicada vida terrestre; ojalá y todos nos ocupáramos de seguir los pasos de ese revolucionario, que trajo a este mundo imperfecto, la revolución perfecta, y que con esto todos gritemos con nuestra frente en alto, y sin miedo a ser víctimas de la traición: ¡Que viva la revolución!

Hasta el próximo comentario.

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