Aquí vamos PLD (la propuesta de Dominguez Brito)


este articulo lo extraimos del facebook del senador

A pesar de emerger victorioso en tres de las últimas cuatro elecciones presidenciales en la República Dominicana, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) todavía debe establecerse como un partido de gobierno. Hay lecciones que están en proceso de aprendizaje para lograr ser el partido del pueblo. Para mí son estas:

1) La necesidad de un claro sentido de propósito nacional;
2) La necesidad de ganar la batalla de las ideas; y
3) la necesidad de movilizar a todas las personas de mente progresista alrededor de un partido.

Así, el PLD se ha enfrentado a un problema esencial desde 1996: Cómo trascender las ideas de Juan Bosch y el centralismo democrático sin traicionar los intereses del PLD; Cómo construir una amplia y duradera coalición capaz no sólo de dar mayorías electorales temporales sino de sostener un gobierno reformador y progresista en el futuro.

Una parte de la explicación del porqué lo último no se ha logrado es obvia: nuestros triunfos en 1996, 2004, 2006 y 2008 han forzado a la oposición a adaptarse y cambiar, a abrazar componentes claves del estado de bienestar y de la economía de mercado. Sin embargo, esto es sólo una parte de la historia. Las estructuras organizacionales del partido también son importantes. Naturalmente, al nacer como un partido de cuadros, la apertura que sobrevino obligó a reflejar más ampliamente a la sociedad dominicana; sin embargo aquella historia ha implicado que el partido enfrente una percepción de que su liderazgo actual representa un grupo élite divorciado de su membresía.

El progreso. El concepto progreso, con el que el PLD se ha asociado en tiempos recientes se ha asumido como más que un mero slogan. Describe dónde estamos situados en la política dominicana de hoy. Simboliza un concepto de renovación nacional liderada por el Partido de la Liberación Dominicana. Creemos que contiene tres elementos esenciales: ideología, organización, y programa.

La refundación ideológica ha tenido lugar en los Congresos de la última década, impulsada por el discurso del Comité Político y la agenda del Comité Central. El partido ha dicho claramente que estamos en política persiguiendo ciertos valores, no para implementar dogmas económicos. Desde la caída del muro, la base ética del socialismo es lo único que ha soportado la prueba del tiempo. Esta se ha basado en la aseveración moral de que los individuos son interdependientes, que deben deberes los unos a los otros así como a ellos mismos y que la sociedad respalda los esfuerzos de sus individuos, y que la humanidad demanda que a todos les sea dada una plataforma en la que puedan desarrollarse. También tiene una base objetiva, enraizada en la creencia de que sólo reconociendo la interdependencia los individuos podrán florecer, porque el bien de cada uno efectivamente depende en el bien de todos. Este concepto requiere una forma de política en la que compartamos responsabilidades para luchar contra la pobreza, los prejuicios y el desempleo, y para crear las condiciones en las que podamos construir una nación – tolerante, justa, emprendedora, incluyente. Esto es fundamentalmente el tipo de política a la que aspiraba Juan Bosch, y también es la mía.

Una vez que definimos nuestra ideología en estos términos, nos liberamos de nuestra historia y no seguimos encadenados a ella. Podemos evitar la confusión de medios y resultados inherente en la definición del propósito de la organización marxista-leninista. Pero más importante aún, al reestablecer nuestra identidad en nuestros propios términos, podemos recobrar la confianza intelectual de asumir y ganar las nuevas batallas por las ideas, porque no se trata de elegir entre principios y poder.

Pero para ser el partido del pueblo, debemos mirar hacia adentro, al tipo de partido que somos. El partido nació del deseo de servir al pueblo. En términos organizacionales la consecuencia de este origen fue la institución de los círculos de estudio para la formación de cuadros. El partido no tenía contacto con el electorado, y en nombre del centralismo democrático obvió su fuente primigenia de legitimidad, la gente en general. Es por ello que la apertura y los cambios en la organización han sido tan importantes.

La naturaleza del partido, quién está en él, cómo se articulan sus intereses, cómo se toman las decisiones, los límites de qué es posible y deseable, incluso cómo nos comportamos unos con otros, ayudan a definir las políticas y la política dentro del partido. Por eso le doy tanta importancia a la militancia masiva. En 1973 el PLD no representaba a toda la sociedad dominicana, hoy lo puede hacer mejor que ningún otro partido. Y hoy queremos que así sea, un partido que entre sus miembros estén los empleados y desempleados, los pequeños y medianos empresarios, los consumidores, los gerentes, los trabajadores, las amas de casa, los inquilinos, los ingenieros, así como los maestros y los doctores.

Sobre la base de los valores y la organización podemos desarrollar nuestro programa. Los Peledeístas deben ser tan moralistas como empiricistas. Los valores son fundamentales. Pero si para no ser exclusivamente un moralismo abstracto estos deben convertirse en realidad en el mundo no como quisiéramos que este fuera, sino como este es.

Nuestros valores no cambian. Nuestro compromiso con una visión de una sociedad diferente se mantiene intacto. Pero las formas en las que pretendemos alcanzar esa visión deben cambiar. El programa que construimos refleja la esencia de nuestros valores. Sus objetivos serían instantáneamente reconocidos por nuestro fundador, así como por los padres de nuestra patria:

- Equipar a nuestro país para un masivo cambio económico y tecnológico;
- proveer trabajos y seguridad para todos;
- asegurar la disponibilidad de servicios públicos de calidad sobre la base de la necesidad y no de la capacidad económica de quienes los demandan;
- atacar la pobreza, reformando la institucionalidad del estado y el mercado laboral;
- reconstruir el sentido de orgullo cívico y de responsabilidad dentro del caos de la ilegalidad y la descomposición social que nos rodea; y
- apuntalar el lugar de República Dominicana en el mundo, no en aislamiento pero como actor principal en la comunidad de naciones, especialmente en la región centroamericana y del Caribe.

Lo que ha cambiado son los medios para alcanzar estos objetivos. Estos deberán y efectivamente lograrán pasar la frontera entre la izquierda y la derecha, lo progresista y lo conservador. Lo que nos destaca son los objetivos y el sentido de unidad y propósito nacional por el que nos vemos impulsados.

En la economía, hemos avanzado respecto de las antiguas luchas entre el sector público y privado. En cambio promovemos un moderno acuerdo estratégico entre el gobierno, la industria y los puestos de trabajo para alcanzar desarrollo sostenible y altas tasas de empleo.

En la seguridad social, el objetivo no es mantener a las personas en programas de asistencia, sino proveer la independencia financiera que trae un empleo. El mundo ha cambiado, y usualmente el desempleo es un asunto de largo plazo. La familia ha cambiado, pues ahora las mujeres salen a trabajar; y muchos pensionados viven tanto como para requerir asistencia especial, no sólo un ingreso. Necesitamos un acuerdo de los nuevos tiempos para la seguridad social, donde la oportunidad y la responsabilidad vayan juntas.

En la educación, perseguimos la excelencia para todos y no de unos pocos, porque el problema en República Dominicana no ha sido la educación de la élite. Las escuelas deben tener mayor libertad para conducir sus asuntos. Las autoridades educativas deben enjuiciar si los planteles elevan los estándares o no. Y los padres deben tener más oportunidad de opinar respecto de la educación de sus hijos.

En cuanto al crimen, debemos reconocer que la mayoría de los dominicanos son vulnerables al terror de la delincuencia, el narcotráfico y el crimen organizado. Sabemos algunas de las fuentes de los comportamientos antisociales: descomposición social, desempleo, falta de oportunidad. Pero también sabemos que la alienación no es una excusa para el crimen, por lo que los gobiernos del PLD están comprometidos con luchar contra el crimen y sus causas.

En la salud, el objetivo es un sistema de salud pública que promueve la buena salud y una red pública que se reconstruya como un servicio de la gente, libre de los dogmas del mercado, pero también libre de las limitaciones burocráticas tradicionales, sirviendo a todas las personas, con médicos, enfermeras y administradores que trabajen como parte de un sistema unificado. Eso implica, médicos y autoridades trabajando en conjunto para planificar la atención de salud, hospitales con libertad operacional y recursos que fluyan para satisfacer las demandas.

En el campo internacional, nuestro objetivo es posicionarnos como actoresprincipales y atraer cooperación que genere beneficios mutuos. El PLD perseguirá estos objetivos impulsados por el convencimiento de que Centro y Suramérica prosperarán cuando todas las naciones trabajen juntas.

Finalmente, esperamos que haya quedado claro que no es suficiente con ganar una elección, o incluso impulsar grandes transformaciones luego de las victorias. Nuestra tarea ahora no es menos que la renovación nacional, reconstruir nuestro país como una sociedad civil fuerte y activa que respalda los esfuerzos de los individuos que la conforman. Esto requiere la renovación económica, la renovación social y la renovación política. Pero al comenzar a trillar este camino debemos inspirarnos y obtener confianza del ejemplo de Juan Bosch. Confianza en nuestros valores. Confianza en nuestros conocimientos. Confianza en nuestra habilidad no sólo de prometer cambio sino de alcanzarlo. Por esto y muchas otras razones nos sentimos deleitados honrando la memoria de Juan Bosch. Nos dio el ejemplo que es un privilegio seguir.

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