
Rafael Sánchez Cárdenas | perspectivaciudadana.com | 28-01-2011
Sentado al televisor me entero de que la incapacidad y el discurso ya han tenido su oportunidad.
¿Quién o quienes representan esa incapacidad señalada? ¿Quién o quienes el discurso?
Impacta el concepto implícito sobre el discurso político del precandidato. Se percibe un mensaje que parece asimilar el discurso con palabrería sin sustancia o quizás teorización. Algo infuncional que necesita cambiarse para dar paso a la voluntad, la capacidad y a un supuesto plan de trabajo.
Los asesores del precandidato no se han enterado de los señalamientos que politólogos y analistas han venido planteando acerca de los pre-candidatos de su partido y su situación político-estrategica.
Cuando se habla del discurso político de un candidato, contrario a la acepción vulgar que trasluce el spot televisivo, se hace referencia a tres componentes esenciales, como lo señala Gustavo Gordillo y en alguna medida Rosario Espinal:
1-Un rumbo que se propone, que representa la imagen, el sueño, la utopía conmovedora de los corazones y sentimientos de la gente hacia una “tierra prometida” y posible.
2- Unos medios para alcanzar la utopía, encarnada en la propuesta programática, que deviene en cura para la enfermedad social problematizada.
3-Un compromiso ético con una praxis política y de gobierno.
El discurso político, entonces, es algo más estructurado y complejo en función del cual se construye el perfil de un candidato político.
Para ganar se necesita la armonía del discurso con las expectativas ciudadanas y un consenso social mayoritario facilitado por un buen discurso político.
El simplismo de apoyar llamados irresponsables a la desobediencia civil son el eje del plan de trabajo. Y en ausencia de un auténtico discurso político, la oposición se encamina a su único reducto, tan viejo como sus métodos: la agitación de la inconformidad social.
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