
Pero no siempre el golpe físico debe intervenir para que olvidemos. El psicológico puede tener un impacto tan grande que, para conservar la salud mental que puede trastornar un desagradable recuerdo, la máquina humana busca protección en el vacío que esconde los hechos, o el hecho, que pudo poner en juego la cordura.
Lo peligroso de este mecanismo de protección es que con él (el olvido al golpe), podemos borrar la causa que nos condujo a que se produjera, y como consecuencia se puede llegar al punto o lugar que creó las condiciones para que el accidente se consumara, por lo que se corre el riesgo de tropezar por segunda vez y volver a caer, un error que, del vacío manejable, nos podría conducir al abismo sin retorno.
Hay traumas físicos y psicológicos colectivos que ha sufrido el pueblo dominicano durante su historia republicana, y la amnesia colectiva se ha activado como mecanismo de protección; pero el prolongado refugio en ella, en ocasiones le empujó por los mismos acantilados que le ha puesto al borde de la desintegración, no consumada por el sacrificio de los que pusieron en riesgo su salud, conservando los duros acontecimientos en sus tercas memorias para, en el momento oportuno, socializarlos frente al peligro.
Los memoriosos, sabedores de que la amnesia prolongada pone en peligro la sobrevivencia individual y colectiva, tienen el deber de colocar en inmensos escaparates las páginas abiertas de los acontecimientos traumáticos, que condujeron a algunos a refugiarse en la desmemoria, porque el terrorífico sumidero no puede aparecer de nuevo en nuestros caminos, aunque por suerte para todos, Danilo Medina tiene diques para impedir que nos vayamos por donde corren las aguas cloacales.
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